Semana dura. Mucho trabajo en la oficina, además la carretera, siempre cansa. Al fin ha llegado el viernes, y aunque por las mañanas, el cuerpo lo sabe, al término de la jornada laboral se desea llegar a casa.
Cojo el coche para ir a casa para descansar. ¡¡¡¡¡Maldición!!!!!. El coche no arranca, ¿puede ser verdad? Intento otra vez, ¡¡¡¡¡y nada!!!!!. Sólo quiero llegar a casa para descansar un poco. Nada más.
Cojo el teléfono para llamar a la grúa, pero me digo «último intento». No sabes qué placer da ese ruido del motor en estos casos. Por fin, camino a casa. Ya es muy tarde. Trayecto sinuoso y montañoso, camino a casa. Sólo espero una cosa, «por favor, bicis no»
Pues nada, que el destino está en mi contra. Me encuentro con un pelotoncito de unos diez ciclistas. «Es 5 de octubre y… ¡¡¡¡¡maldición!!!!! Han entrado en vigor las nuevas normas de tráfico. Miro la carretera, miro a los ciclistas y me pregunto cómo voy a adelantar a este grupo. ¡¡¡PUFFFFF!!!».
Nuevas normas de tráfico
Hay normas que, cuando las lees, parecen tener todo el sentido del mundo. Pero después las llevas a la carretera y empiezan las preguntas.
El pasado 1 de octubre entraron en vigor importantes cambios en el Reglamento General de Circulación. Una reforma que pretende, según la propia Dirección General de Tráfico y sobre el papel, reforzar la protección de los llamados usuarios vulnerables: peatones, ciclistas, usuarios de vehículos de movilidad personal, motoristas y ciclomotoristas.
Y proteger al que tiene las de perder cuando se produce un accidente parece, en principio, bastante lógico. Pero algunas de las nuevas normas que, cuando uno se pone a pensar en situaciones reales, pueden generar dudas.
Yo, además, tengo la mala costumbre de ponerme en la piel del otro, de intentar ver las cosas desde su situación. Yo, por lo menos, a veces soy el que lleva el volante, otras veces controlo un manillar y en ocasiones doy un paseo por las entramadas y sinuosas calles de algunos pueblos.
Y quizá por eso hay algunas cosas de esta reforma que me han hecho pensar.
Una bicicleta y un vehículo no juegan con las mismas cartas en las nuevas normas de tráfico
Esto es algo que todos sabemos. Quién vaya en un vehículo, sea pesado o no, suele tener una mayor protección física quién circule en una bicicleta. Si un vehículo y una bicicleta tienen un accidente, las consecuencias no suelen ser las mismas para quien va dentro del vehículo que para quien va encima de la bicicleta.
Por eso tiene sentido que las nuevas normas de tráfico intenten proteger especialmente al ciclista. Pero proteger al más vulnerable no significa solamente escribir una norma. Va más allá de una ley o norma que se implante. Se trata del respeto de todos los que circulan o cruzan una carretera. Ahí entran la responsabilidad, empatía y el respeto mutuo entre las personas, todo depende de nosotros mismos y no solo de la norma
También hay que conseguir que esa norma funcione cuando la llevamos a una carretera real, con sus curvas, sus pendientes, sus semáforos, sus atascos y, sobre todo, con personas al volante y al manillar. Aquí es donde el respeto hacia los demás, cobra importancia.
Vamos a ver algunos de los cambios.
Adelantar a un ciclista: aquí llega uno de los grandes cambios
Todos estos cambios cambios en las normas de tráfico, se recogen en el Real Decreto 518/2026 de 24 de junio, que modifica el Reglamento General de Circulación. Todas ellas se pueden consultar en el BOE y en la página de la DGT.
Hasta ahora todos conocemos la regla de los 1,5 metros de separación lateral al adelantar a un ciclista. La nueva norma mantiene esa distancia mínima y añade nuevas exigencias.
Cuando se adelante a un ciclista fuera de poblado, el vehículo que realiza la maniobra tendrá que circular durante todo el adelantamiento al menos 20 km/h por debajo del límite de velocidad de la vía. Y si la carretera tiene más de un carril por sentido, el vehículo deberá realizar un cambio completo de carril, además de mantener la separación lateral de 1,5 metros.
Dicho de una forma sencilla:
Si una carretera está limitada a 90 km/h, durante el adelantamiento a una bicicleta el vehículo no podrá superar los 70 km/h.. Si está limitada a 70 km/h, tendrá que hacerlo como máximo a 50 km/h.
Y aquí es donde me surge una pregunta. ¿Qué ocurre cuando el ciclista baja un puerto?
Poniendo la norma sobre la mesa, veremos que en muchas carreteras de montaña, sus velocidades máximas son de 70 km/h. En estas carreteras se debe superar a dicho ciclista a 50km/h, pero en este tipo de carreteras los ciclistas pueden estar bajando a estas velocidades o próximas a estas.
No soy precisamente un portento subiendo puertos. Digamos que las grandes medias no son lo mío. Más que fijarme en la velocidad a la que subo, voy disfrutando de los paisajes que me ofrecen las espectaculares montañas que tenemos. Pero cuando llega la bajada… Bueno, ahí la cosa cambia. Y sé que no soy el único ciclista que puede alcanzar velocidades bastante considerables en un descenso. Cuando voy en un vehículo, muchas veces es complicado seguirlos.
Llega un vehículo por detrás y quiere adelantarlo. ¿Puede hacerlo?
La respuesta no es simplemente un «sí» o un «no».
La nueva regulación permite, bajo determinadas condiciones de seguridad, adelantar a ciclistas incluso en algunos tramos donde el adelantamiento está prohibido, siempre que la velocidad a la que circulan permita realizar la maniobra sin riesgo.
Pero aquí aparece el problema práctico.
Si el vehículo puede circular como máximo a 50 km/h durante el adelantamiento y el ciclista ya está circulando aproximadamente a esa velocidad, la diferencia de velocidad puede ser insuficiente para realizar una maniobra segura y rápida.
Y si el ciclista baja todavía más deprisa, la situación puede resultar aún más complicada.
No estoy diciendo que la norma sea buena o mala.
Estoy diciendo que habrá carreteras y descensos en los que tendremos que ver cómo funciona en la práctica.
Porque una cosa es escribir una norma y otra muy diferente encontrarte con ella bajando un puerto.
Pero, tenemos que tener una situación en cuenta
Cuándo un ciclista está bajando un puerto sinuoso lleno de curvas, tiene que estar centrado en trazar adecuadamente dichas curvas. Estar centrado en posibles baches, trazar una curva cerrada, estar atento en los vehículos que suban, etc. Si a esto añadimos al vehículo que se nos acerca por detrás, y poniendo la nueva norma de tráfico sobre la mesa, la tensión puede aumentar en el ciclista.
Si nos ponemos en la situación del conductor, también nos encontramos con un dilema. Puede que el conductor que va detrás del ciclista conozca bien la norma y se sienta cómodo manteniendo la distancia hasta que pueda adelantar con seguridad. El problema surge cuando llega otro vehículo por detrás con prisas por adelantar.
En esta situación volvemos a necesitar algo que ninguna ley puede imponer: sentido común y respeto.
Personalmente, cuando voy en bicicleta y me doy cuenta de que un conductor que viene detrás está dudando, si veo que las condiciones de la carretera permiten adelantar con seguridad, intento facilitarle la maniobra. No se trata de asumir riesgos ni de apartarse a cualquier precio, sino de colaborar cuando se puede hacer sin peligro.
Porque la carretera es de todos y, a veces, un pequeño gesto puede evitar que una situación incómoda termine convirtiéndose en un conflicto.
¿Y qué pasa en las ciudades?
Aquí encontramos otro cambio que puede dar bastante que hablar.
Cuando una bicicleta circule por la calzada, lo hará preferentemente por el centro del carril, siempre que las condiciones de seguridad lo permitan. Pero ¿quién decide esa condición de seguridad: el ciclista o el conductor de un vehículo?.
Si buscamos un símil futbolístico, no podemos convertirnos en árbitros y decidir por nuestra cuenta sobre la seguridad del otro. En el fútbol, algunos árbitros señalan una cosa y otros, ante una situación similar, deciden algo diferente. En la carretera también podemos interpretar una misma situación de maneras distintas. Por eso volvemos a la importancia del respeto hacia los demás.
Además. los conductores de vehículos a motor tendrán que mantener una distancia mínima de cinco metros con respecto a la bicicleta que tengan delante cuando circulen por el mismo carril.
Ojo con un detalle importante de la nueva norma de tráfico: la obligación de reducir 20 km/h al adelantar a un ciclista se refiere al adelantamiento fuera de poblado. En las ciudades no entra en vigor la reducción de velocidad.
En ciudad la nueva obligación que puede llamar más la atención es la de los cinco metros de separación.
Y aquí también podemos imaginarnos muchas situaciones cotidianas. Y estas situaciones pueden generar muchas complicaciones, incluso mayores «peligros».
Una calle de un solo carril, tienen que convivir muchos vehículos: coches, autobuses, furgonetas y camiones de reparto, las bicis, peatones que pasan, semáforos aquí y allá. A todo esto añadir uno de los mayores peligros de las ciudades: las prisas.
Llega la pregunta del millón. ¿Puede funcionar?
La respuesta es simple. Por supuesto. Y puede funcionar cómo he dicho más veces, entra lo que ninguna norma de tráfico detalla: el respeto. Si el respeto entre ciclistas y conductores se demuestra en las carreteras y calles y no en una norma, funcionará. De la misma manera que un chófer respeta al ciclista, y así con todos los que conviven en las carreteras, calles y aceras
Y precisamente por eso será interesante observar cómo se aplica la norma en nuestras ciudades.
¿Por qué el ciclista debe circular por el centro del carril?
La explicación de la DGT es fundamentalmente de seguridad.
Circular por el centro del carril hace que el ciclista sea más visible y evita que los vehículos que lo adelantan intenten pasar demasiado cerca dentro del mismo espacio.
Además, en vías urbanas con dos o más carriles por sentido, los ciclistas circularán por el carril derecho, salvo cuando necesiten utilizar otro por razones como cambiar de dirección o por seguridad.
Por tanto, no significa que una bicicleta tenga prohibido circular por una avenida con varios carriles. Significa que, como regla general, deberá hacerlo por el carril derecho.
¿Y los patinetes?
La norma de tráfico y los vehículos de movilidad personal (VMP) también tendrán nuevas obligaciones.
Entre ellas:
- La edad mínima para conducir un VMP será de 15 años.
- El casco será obligatorio.
- De noche o cuando exista una visibilidad reducida será obligatorio utilizar elementos reflectantes y visibles a 150 metros.
- Quienes utilicen estos vehículos profesionalmente tendrán obligaciones adicionales de protección y visibilidad.
- El alumbrado obligatorio también durante el día tiene una fecha de aplicación posterior: 1 de octubre de 2027
El incumplimiento de determinadas obligaciones pueden conllevar sanciónes de 200 euros.
Y atención a una fecha que puede llevar a confusión:
El alumbrado de los VMP durante el día será obligatorio, pero esta obligación concreta no comenzará el 1 de octubre de 2026. La norma establece un periodo transitorio y comenzará a exigirse un año después. Es decir, 1 de octubre de 2027.
Y, ¿cuánto puede costarnos no cumplirlas?
Aquí merece la pena hacer una distinción.
No todas las nuevas obligaciones tienen exactamente la misma sanción ni todas implican pérdida de puntos.
Por ejemplo, adelantar a un ciclista poniendo en peligro o entorpeciendo su circulación, o hacerlo sin respetar la separación mínima de 1,5 metros, puede suponer una infracción con 200 euros de multa y la pérdida de 6 puntos.
Las obligaciones relacionadas con determinados elementos de protección, como el casco cuando resulte obligatorio, pueden implicar 200 euros y, en los casos previstos, 4 puntos.
Por eso, más que quedarse solamente con la cantidad económica, conviene mirar también los puntos. Para quien conduce habitualmente, seis puntos pueden ser bastante más importantes que una multa de 200 euros.
Entonces, ¿son buenas o malas estas normas de tráfico?
A lo mejor no deberíamos empezar preguntándonos si las nuevas normas de tráfico que entraron en vigor este pasado 1 de octubre son mejores o peores. Si lo hacemos, encontraremos defectos y también aciertos. Precisamente por eso, creo que cada uno debería poder formarse su propia opinión después de conocer cómo funcionan.
Lo que sí tengo claro es que debemos respetarnos unos a otros en todas las carreteras y calles que compartimos.
La intención de la reforma es proteger a quienes son más vulnerables en caso de accidente. El ciclista es uno de ellos, simplemente porque no cuenta con la protección que podemos tener dentro de un vehículo. Y eso es algo que podemos entender fácilmente.
Pero también es legítimo preguntarse cómo funcionarán determinadas normas cuando las llevemos a una carretera de montaña, a una avenida con tráfico o a una calle estrecha.
Porque las carreteras no son dibujos sobre un papel.
Son lugares donde convivimos personas.
La próxima vez que nos encontremos con un ciclista en una carretera de montaña y empecemos a pensar a qué velocidad podemos adelantarlo, pensemos también en otra cosa.
Yo tengo ganas de llegar a casa. Me esperan. Al ciclista que va delante de mí también le esperan.
Y seguro que, tanto él como yo, preferimos llegar tarde a casa antes que llegar antes a un hospital por culpa de un accidente.
Este fin de semana he tenido que recordármelo más de una vez. En la salida de Madrid hacia Burgos, el sábado al mediodía, la carretera fue un caos. Perdí la cuenta de las veces que el GPS me avisó de que me iba a encontrar con un accidente. Debieron de ser cinco o seis en los primeros cien kilómetros. Por suerte, los que vi no parecían graves: chapa y poco más. Lo peor eran las retenciones que se formaban y cómo algunos conductores, con tanta prisa por llegar a su destino, intentaban adelantar a quienes estábamos atrapados en las colas.
Mi cliente me esperaba, y tuve que explicarle lo que estaba pasando en la carretera para que estuviera tranquilo. Como en la película de aquel tal Odiseo, el trayecto de Madrid a casa se convirtió en toda una odisea.
Pero llegamos. Tarde, sí, pero sin tener que pisar un hospital. Y quién sabe si alguno de los implicados en los accidentes que vi sí tuvo que hacerlo.
Las nuevas normas de tráfico pretenden ayudarnos a convivir mejor en la carretera. Pero las normas ya existían antes del 1 de octubre y, aun así, seguían ocurriendo accidentes.
Quizá por eso, además de conocer las normas, necesitamos algo que no se consigue únicamente publicándolas en el BOE: responsabilidad, paciencia y respeto hacia los demás.
No siempre podremos hacer lo que queremos, ni conductores, ni ciclistas, ni usuarios de patinetes, ni peatones. A veces tendremos que frenar, ceder el paso o esperar un poco más de lo que nos gustaría.
Porque llegar antes no siempre significa ganar.
Dos no ganan si uno pierde.
Y ahora me gustaría conocer tu opinión.
¿Conocías estos cambios en las normas de tráfico? ¿Crees que ayudarán a mejorar la convivencia o piensas que todavía hay situaciones que deberían resolverse de otra manera?
Si conduces, vas en bicicleta o utilizas un patinete, ¿has vivido alguna situación en la que te haya costado entenderte con los demás?
Te leo en los comentarios.